A partir de un meticuloso estudio de la obra en el que se han abordado tanto aspectos materiales como iconográficos, se ha llegado a la conclusión de que se trata del dibujo preparatorio para la realización de un grabado. La gran calidad ejecutiva de la pieza fue la guía hacia uno los mejores artistas de la Ilustración, Manuel Salvador Carmona. Algunas zonas que parecían dubitativas en su ejecución se evidenciaron alteradas por restauraciones previas, gracias a las técnicas analíticas. La investigación archivística demostró que la pieza formaba parte de un conjunto iconográfico franciscano conservado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando.